miércoles, 17 de abril de 2013

El problema de la "salud mental" en México.



"Existen más de cuarenta Universidades en el municipio de Cuernavaca y su zona conurbada,  
dicho sistema educativo debiera ser el sustento de un dinámico mercado del libro,
  sin contar los estudiantes de preparatoria o sus equivalentes. Pero no es así, no son demandantes sistemáticos de libros;
en otras palabras, el número de lectores habituales en el estado de Morelos es una cifra extremadamente reducida.
 Somos un estado donde no se lee." 



Actualmente la mayoría de los habitantes adultos del país saben leer y escribir. Eso da una cifra de decenas de millones de personas; tan solo en educación superior existen actualmente casi dos millones de estudiantes. Sin embargo los tirajes de las principales publicaciones son de unos cuantos miles de ejemplares. Ni periódicos, ni revistas, mucho menos libros se editan en un número de ejemplares cercano al de los millones de mexicanos que saben leer y escribir. Se estima que unos doce millones de personas en el país compran diarios, revistas, fotonovelas o historietas, en cambio “...hay apenas poco más de medio millón de compradores de libros” y las ediciones de las obras de nuestros autores más consagrados suman unos cuantos miles de ejemplares. Es tal la penuria del número de lectores habituales en el país, que se sabe no llegan a cinco los escritores nacionales que viven de su obra, y ello sucede más por regalías y derechos de las traducciones o adaptaciones a otros géneros artísticos, que por las ventas de sus originales en el interior del país. Los datos anotados nos dan una precisa idea de que en el país los lectores habituales son una cifra muy reducida.
Pero, qué es un lector habitual. Es aquel que tiene la costumbre de leer un texto más o
menos largo, de páginas completas, en lugar de las frases elementales de los globitos, donde no hay espacio para profundizar en las ideas, en la información o naturaleza de los personajes. Como acertadamente afirma Felipe Garrido: “Quien está tan acostumbrado a
leer sólo fotonovelas, historietas y otras publicaciones por el estilo, que no puede leer textos más extensos y complicados, en realidad nunca ha aprendido a leer de a de veras.
Se pregunta este autor “¿Quién es un lector auténtico? En primer lugar, es alguien que lee por voluntad propia, porque sabe que leyendo puede encontrar respuestas a sus necesidades de información, de capacitación, de formación, y también por el puro gusto, por el puro placer de leer”. En otros términos, significa que se ha descubierto que la lectura es una parte importante de la vida, que la lectura es una fuente de experiencias, emociones y afectos; que puede consolarnos, darnos energías, inspirarnos. Significa que se ha descubierto el enorme poder de evocación que tiene la lectura. “Que alguien lea por puro gusto, por el placer de leer, es la prueba definitiva de que realmente es un buen lector, de que tiene la afición de leer”. 
Nuestro país tiene uno de los sistemas educativos más grandes del mundo. Los alrededor de 31 millones de estudiantes con que cuenta actualmente significan más que la totalidad
de habitantes de cada uno de los países latinoamericanos, salvo Brasil y Argentina. Tan
grande sistema educativo debiera ser el sustento de un dinámico mercado del libro mexicano, al menos los casi cinco millones de estudiantes de preparatoria y universidad (o sus equivalentes). Pero no es así, ni siquiera el cuantioso número de estudiantes en educación superior, o tan siquiera el importante número de profesores de Instituciones de Educación Superior, que suman casi 200 000 profesores son demandantes sistemáticos de libros; en otras palabras, el número de lectores habituales en el país es una cifra extremadamente reducida. Somos una nación donde no se lee. 
Estas cifras tan altas de personas que cotidianamente tratan con materiales impresos, no adquieren textos nuevos o simplemente no leen habitualmente. Cabe suponer que simplemente no leen o, si lo hacen, es ocasionalmente o sobre impresos publicados en un pasado remoto, en todo caso, no están actualizados y, desde luego, no leen sistemáticamente literatura; no son pues lectores habituales. La mayoría de ellos, inclusive los de educación superior, profesores y estudiantes -en el mejor de los casos- se limitan a consultar sus libros de texto, leen por obligación, o sea que leen mal, sin comprender cabalmente y no obstante su alta escolaridad, no han adquirido el hábito y descubierto el placer de la lectura. En consecuencia, no conocen una de las principales aportaciones de la lectura: abrir nuevos horizontes. No basta leer muchos libros de texto, ni pasar muchos años en la escuela para convertirse en auténticos lectores. Usualmente, desde que se culmina la primaria, la mayoría de los niños no tienen libros ni revistas en su casa. Ni existen condiciones de acceso a bibliotecas donde consultarlos. La mayoría de los mexicanos no están acostumbrados a ver leer a sus padres y, a menudo, en muchos de los hogares, en el mejor de casos, ocasionalmente solo se lee el periódico.
Los educadores y los sociólogos han demostrado que a mayor nivel de ingreso familiar, mayor nivel de capital cultural (capital simbólico en términos de Bourdieu) y, con frecuencia, mayor nivel de escolaridad. A partir de estratos de clase media y niveles superiores, sobre todo cuando se es descendiente de padres con estudios superiores, el acceso a materiales impresos, particularmente libros, resulta más frecuente. Existe una tendencia general en ese sentido, pero no es una ley ineluctable que ocurra de modo inexorable.
Para hacer dinero no se necesitan muchas lecturas. Para muchas otras cosas si, y más valederas e importantes, como veremos en estas líneas. La idea central a destacar ahora es que la mayoría actual de nuestros estudiantes universitarios son la primera generación de su familia que accede a educación superior y, en consecuencia, la mayoría de sus hogares no cuentan con libros, ni existe la sana costumbre de leer. Inician una carrera universitaria en condiciones muy desventajosas para incorporar acervos de cultura que no tuvieron la fortuna de heredar. Son los huérfanos de la lectura. El esfuerzo que deben realizar en relación a condiscípulos más afortunados, es adicional a la de los requerimientos de la carrera que seleccionaron. A marchas forzadas deberán, si son conscientes de sus carencias, incorporar las lecturas que no heredaron. Entonces no solamente necesitarán leer sus libros de texto, sino frecuentar otros géneros de literatura que les pertreche para el ejercicio profesional en mercados de trabajo cada vez más competidos, donde las capacidades de comunicación oral y escrita son más intensamente demandadas.
Estudios serios sobre el desempeño profesional revelan que los profesionales más exitosos, son aquellos que en su ejercicio tienen una alta capacidad de comunicación oral y escrita.
Lo que aquí quiere destacarse es la idea de que pocos estudiantes llegan a leer bien, inclusive sus libros de texto. Muchos pueden repetir oraciones largas de sus libros de texto, memorizar párrafos completos y repetirlos literalmente, pero pocos pueden comprender y sentir lo que leen.
El leer correctamente es más que simplemente recorrer con los ojos las palabras de un texto. Es establecer un vínculo con el texto que involucra al lector intelectual y emocionalmente. Es desarrollar la facultad de comprender y sentir plenamente un escrito, capacidad que se desarrolla a medida que se frecuenta y ejercita la habilidad intelectual de leer, que es algo mucho más complejo que la sencilla alfabetización. El aprender a leer solo se consigue leyendo. No hay otra vía.
En la actualidad nuestros jóvenes tienen una cultura muy ajena a los caminos que conducen a los placeres de la lectura. Pasaron usualmente de una infancia de adicción a la televisión a una adolescencia adicta a la computadora; arribaron a la juventud sin mediaciones de materiales impresos seleccionados por voluntad propia, sus formaciones están conformadas por imágenes, se nutrieron en las pantallas y son, para decirlo en términos de la física, nutrientes de dos dimensiones, planas y chatas. 
En palabras del gran escritor chihuahuense Jesús Gardea, ven el mundo y lo que les rodea como veían los seres vivos de la era cuaternaria, en planos de dos dimensiones. 
Todavía no alcanzan a percibir la profundidad de la realidad y alcanzar a pensar que lo existente tiene tres dimensiones.
Por otra parte, el mundo de imágenes a que están acostumbradas las generaciones actuales, transmitidas por la televisión, internet o el cine, sólo plantean ideas muy elementales, ninguna idea mínimamente elaborada puede explicarse solamente con imágenes, se requiere, obligadamente de palabras, de textos impresos aunque sea en losmonitores o de amplias explicaciones orales que sustituyan los escritos.

Rigoberto Lasso Tiscareno

Fuente: Para leer el ensayo completo La importancia de la lectura 

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